Oscar René Vargas: EEUU-Nicaragua: la estrategia del “modus vivendi”

Desde julio de 2018, Biden reconoce que Ortega es un dictador y que su régimen es represivo. Por su lado, Ortega espera que el triunfo de Biden en las elecciones de EEUU abra una nueva etapa de entendimiento; sin embargo, mantiene un discurso de línea dura que refleja su política más radical y su determinación de permanecer en el poder indefinidamente. Con esas declaraciones difícilmente hará cambiar de opinión al establishment norteamericano político hacia la dictadura.

Las decisiones de EEUU en relación con Nicaragua estarán basadas en las leyes vigentes, aprobadas por demócratas y republicanos, tal es el caso de la Ley Global Magnitsky y la Ley Nica Act que establece, entre otras cosas, que el régimen Ortega-Murillo es una “amenaza a la seguridad” de EEUU.

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La política de la administración Biden-Harris adoptará una relación no amigable, pero de bajo perfil con el régimen Ortega-Murillo. La política será fría, pero haciendo cosas que serán verdaderos mensajes para Ortega y sus aliados internos. Ya que la principal preocupación de EEUU es la posibilidad de que el régimen pueda consolidarse y de la imagen proyectada en la región.

La política de la administración Biden-Harris, durante los próximos 12 meses, tendrá ramificaciones que irán mucho más allá de las relaciones EEUU-Nicaragua ya que la permanencia de la dictadura Ortega-Murillo puede tener una propagación imitativa de fenómenos parecidos en otros países centroamericanos lo que a su vez afectarían significativamente la política norteamericana en Centroamérica.

Con el gobierno Biden-Harris, la política norteamericana tendrá un cambio en el tono y en las formas, pero no en el fondo de cómo tratar a la dictadura. Todo parece indicar que en el equipo Biden-Harris existe un consenso unánime sobre el camino a seguir hacia la dictadura. La posible aplicación de la Ley Global Magnitsky y la Ley Nica Act que implicaría el bloqueo de préstamos de los organismos financieros internacionales y la presión a las empresas e inversionistas norteamericanos a no invertir en Nicaragua. Son acciones factibles que tendrán un impacto directo en la agonía de la dictadura.

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Al mismo tiempo, la estrategia sería presionar a fondo a favor de unas elecciones transparentes en Nicaragua y no una estrategia de “modus vivendi”, ya que piensan que la política del “modus vivendi” afectaría los intereses regionales de EEUU y sería catastrófico para la región.  Es decir, EEUU buscará maximizar las presiones sobre el régimen y sus aliados internos (gran capital y políticos zancudos) para favorecer una salida a la crisis sociopolítica con un “aterrizaje al suave”, evitando su consolidación. No hay nadie en Nicaragua que dude que Ortega no tiene amigos en EEUU.

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