LAS DIEZ CIUDADES MÁS Y MENOS CONTAMINADAS DEL MUNDO

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No es fácil calcular el nivel exacto de contaminación que hay en una ciudad. Las variables que entran en juego son demasiadas, y todas tiene criterios de medición diferentes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza una estadística que, si bien ofrece una mirada parcial a un fenómeno mucho más amplio, es sumamente útil para ver dónde están paradas las grandes urbes del planeta.

La forma de contaminación más democrática, que afecta a todos por igual ya que no hay manera de evadirla, es la del ambiente. Si el aire está viciado, todos los ciudadanos se verán afectados.

LA OMS MIDE LA CONCENTRACIÓN EN EL AIRE DE PARTÍCULAS MENORES A 2,5 MICRÓMETROS

Para calcular el grado de intoxicación, la OMS mide la concentración ambiental de partículas menores a 2,5 micrómetros (cien veces más pequeñas que el cabello humano). Pueden ser depolvo, cenizas, hollín, metal, cemento o polen, y son lo suficientemente pequeñas para entrar al organismo por las vías respiratorias, y tan grandes como para causar problemas.

Se estima que a partir de los 10 ug/m3 (microgramos por metro cúbico de aire) pueden desencadenar efectos nocivos sobre la salud. El promedio mundial está muy por encima del máximo recomendable: 71 ug/m3.

 Ocho de las diez ciudades más contaminadas del mundo están en el mismo país: India. Las dos restantes están en un vecino, Pakistán.

El ranking lo encabeza Nueva Delhi, capital y ciudad más poblada de la nación. Segunda a nivel mundial, con 25,7 millones de habitantes, tiene una concentración promedio de partículas menores a 2,5 micrómetros de 153 ug/m3, 15 veces más de lo saludable.

La lista se completa con Patna (149 ug/m3), Gwalior (144 ug/m3), Raipur (134 ug/m3), Karachi (117 ug/m3), Peshawar (111 ug/m3), Rawalpindi (107 ug/m3), Ahmedabad (100 ug/m3), Lucknow (96 ug/m3) y Kanpur (93 ug/m3).

India tiene características muy particulares que pueden explicar que se encuentre en esta situación. Es un país que, en pocas décadas, pasó de ser uno de los más pobres a uno de los más ricos, merced a un vertiginoso proceso de industrialización y expansión poblacional.

OCHO DE LAS DIEZ CIUDADES MÁS CONTAMINADAS DEL MUNDO ESTÁN EN INDIA

Este acelerado tránsito no estuvo acompañado de un desarrollo comparable en las institucionesdel Estado, garantes de que las actividades económicas y sociales se realicen respetando ciertas normas y estándares de calidad, para que no pongan en riesgo la salud de la gente. Un contexto tan caótico es muy favorable a la polución.

Las diez ciudades -de al menos un millón de habitantes- con menor contaminación en el planeta son todo lo contrario a las anteriores. Se encuentran en países de instituciones eficientes, en los que la vida social está mucho más regulada y armonizada. No es casual que sus poblaciones se encuentren en el tope mundial del Índice de Desarrollo Humano.

Primera está Vancouver, en Canadá, con sólo 4,3 ug/m3. En segundo y tercer lugar hay dos urbes australianas, Melbourne (4,8 ug/m3) y Sídney (5,2 ug/m3). Luego están Ottawa, Canadá (5,7 ug/m3); Nagoya, Japón (6 ug/m3); Shizuoka, Japón (6 ug/m3); Brisbane, Australia (6,3 ug/m3); Sendai, Japón (6,4 ug/m3); Estocolmo, Suecia (6,7 ug/m3); y Oporto, Portugal (6,8 ug/m3).

 

Para comprender el origen y el alcance de este fenómeno, Infobae consultó al ingeniero civil ecuatoriano Carlos Páez Pérez, Master of Science en Ingeniería de Sistemas Ambientales por la Universidad Clemson, Estados Unidos. "Las ciudades, en términos generales, están expuestas a un conjunto de problemas derivados de la acumulación de personas y de sus actividades, basadas principalmente en su alta demanda energética proveniente de combustibles, y la generación de desechos de todo tipo", explica.

"No quiero demonizar a las ciudades ni mucho menos -continúa-, ya que en realidad constituyen uno de los mejores inventos de la humanidad. Han permitido alojar a miles y millones de personas, con relativa comodidad y acceso a servicios básicos y otros requerimientos como información, esparcimiento o entretenimiento, sin los cuales no nos explicaríamos la vida moderna. Sin embargo, como un efecto no deseado de ese nivel de vida, estamos atentando no solo contra la calidad de los recursos, sino también contra la sostenibilidad territorial, al urbanizar suelos que tienen otras vocaciones ecológicas".

Entre los daños causados por las principales actividades humanas, hay dos que se destacan: el deterioro del aire y del agua.

"ES MUY COMÚN LA CONTAMINACIÓN DE LOS RÍOS QUE ATRAVIESAN LAS CIUDADES"

"Es lamentablemente común la contaminación de los ríos que atraviesan las ciudades, con las descargas de aguas servidas domésticas e industriales, que han desvirtuado ese sentido histórico de las poblaciones que buscaban sus riveras para asentarse, por las posibilidades de fuente de alimentos, facilidades de aseo y comunicación. Ahora son causa de enfermedades, malos olores y degradación del hábitat urbano", dice Páez.

"Este es un fenómeno viejo, que en muchas ciudades de países ricos ha sido superado, y sus ríos se encuentran regenerados o en proceso de serlo. Pero lamentablemente en nuestra región todavía es un tema pendiente", agrega.

Un elemento que explica las diferencias entre países como India o Pakistán, y Canadá o Australia, es que los últimos, más desarrollados, desde hace años implementan mecanismos para paliar los efectos negativos de la industria y la movilidad urbanas.

"Otro problema recurrente -cuenta el ingeniero- es el de la contaminación del aire provocada por las emisiones desde las chimeneas industriales y, principalmente, desde los escapes de los vehículos. Aunque es un mal común, existen algunas ciudades particularmente vulnerables, debido a su morfología, a su altitud o a la propensión a experimentar condiciones meteorológicas desfavorables, que limitan la dispersión de los contaminantes. México, Santiago, San Pablo, Bogotá, y quizás Quito, son aquellas que más sufren por estas condiciones específicas".

 
 

La desigualdad entre "norte y sur"

"En el caso de la contaminación global, los principales responsables de las emisiones, que son los países de economías más grandes, no son precisamente los que más sufren sus efectos negativos, porque tienen mayor capacidad de inversión para reducir sus vulnerabilidades. En cambio, los pobres, por sus limitaciones económicas, son más frágiles y vulnerables frente a las inundaciones o sequías, que son expresiones de ese cambio climático. Este es un claro ejemplo de la injusticia ambiental que rige a nivel mundial, y forma parte de la inequidad existente entre el norte y el sur", dice Páez.

"En una escala local, los procesos de contaminación tienen su origen en las propias actividades que se desarrollan en las jurisdicciones, particularmente el transporte automotor. La diferencia entre ciudades, además de los temas meteorológicos y morfológicos, se da por la forma en que se expresa. Por ejemplo, cuán bien organizado es el territorio en cuanto a la distribución de los servicios, que es lo que marca la distancia de los viajes que debe realizar la población cotidianamente. Además, qué tan importante es el transporte colectivo frente al individual, qué tan limpios o refinados son los combustibles, y qué tecnología usan los vehículos", agrega.

"LOS PAÍSES POBRES SON MÁS FRÁGILES FRENTE A LAS INUNDACIONES O SEQUÍAS"

Estas diferencias son el resultado del grado de planificación que existe en la administración pública. Cuando hay instituciones fuertes y eficientes, se pueden proyectar políticas de largo plazo que vayan más allá de la satisfacción de las necesidades del presente, y piensen en el futuro. En los países y ciudades en las que están dadas estas condiciones, es habitual que se trabaje en mejorar la calidad del medio ambiente.

 

La contaminación en América Latina

La polución es, sin dudas, un problema creciente en los aglomerados urbanos de la región. Si bien está bastante por debajo de la media mundial, y todos los países están muy lejos de los alarmantes índices de India y Pakistán, sólo una ciudad tiene un nivel de concentración de partículas en el ambiente inferior al máximo aceptado: Salvador, en Bahía, Brasil, con 9,2 ug/m3.

Las otras nueve menos contaminadas están por encima del límite: Cali, Colombia (12,9 ug/m3); Guadalajara, México (13,4 ug/m3); San José, Costa Rica (14,8 ug/m3); Grande Vitória, Brasil (16,3 ug/m3); Buenos Aires, Argentina (16,4 ug/m3); Campinas, Brasil (16,8 ug/m3); Curitiba, Brasil (17,1 ug/m3); Montevideo, Uruguay (18 ug/m3); y Quito, Ecuador (18,4 ug/m3).

La colección es bastante variada, porque incluye representantes de países muy distintos, que pertenecen a subregiones bien diferentes. También lo es el ranking de las diez de mayor polución. De hecho, hay tres países que tienen ciudades en uno y otro extremo: Brasil, México y Colombia.

La que está en peores condiciones es Cochabamba, Bolivia, con 40,7 ug/m3. Le siguen Lima, Perú, con 37,9 ug/m3; y Río de Janeiro, Brasil, con 36,4 ug/m3.

Completan Monterrey, México (36,0 ug/m3); Toluca, México (33,3 ug/m3); Guatemala (32,5 ug/m3); Tegucigalpa, Honduras (32,4 ug/m3); Belo Horizonte, Brasil (28,1 ug/m3); Medellín, Colombia (26,7 ug/m3); y Bogotá, Colombia (26,6 ug/m3).

"A nivel de la región -dice Páez-, y en lo que a calidad del aire se refiere, los modelos de gestión referenciales han sido siempre los de México, San Pablo y Santiago. Pero existen otras experiencias exitosas y yo puedo referir la de Quito, en la que he podido participar como técnico, responsable de la gestión y ahora incluso en mi calidad de concejal de la ciudad".

"SON MEDIDAS ESTRUCTURALES, QUE REQUIEREN UNA DEBIDA PLANIFICACIÓN"

La capital de Ecuador implementa desde 2003 sistemas de monitoreo muy eficientes. Eso le permite hacer un seguimiento de cómo evolucionan los niveles de contaminación.

"Quito tiene un sistema de inspección y mantenimiento vehicular, anual para los de uso particular, y semestral para los de uso público y comercial, que obliga a controlar sus emisiones y mantener afinados los automóviles para que cumplan los estándares ambientales. Esta es una medida muy importante, porque ataca a la principal fuente de emisión y posibilita que, al menos los automotores muy contaminantes, salgan de circulación. Estos programas son absolutamente recomendables, pero lamentablemente son pocas las ciudades que los han adoptado, debido al costo político que tiene frente a sociedades autocentristas, que ven con malos ojos cualquier control", dice el técnico ecuatoriano.

"Lo otro trascendental es la apuesta por los modos colectivos y no motorizados de transporte, por sobre el imperio del auto particular. Son medidas estructurales, que requieren una debida planificación, un alto grado de conciencia ciudadana para apoyarlas y también un claro liderazgo político de las autoridades, que son las variables de una ecuación que no siempre están disponibles", concluye. INFOBAE

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