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Libertad a Medias: El Verdadero Significado de la Liberación de los Sacerdotes en Nicaragua

El término "liberación" no debe confundirse con la auténtica libertad. El exilio, lejos de ser un alivio, es una cadena más sutil de opresión

Enero 15, 2024 05:28 PM
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Libertad a Medias: El Verdadero Significado de la Liberación de los Sacerdotes en Nicaragua
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Félix Maradiaga

En un mundo frecuentemente ensombrecido por la vileza y la injusticia, el alba de libertad que representa la excarcelación del Monseñor Rolando Álvarez y de dieciocho valientes sacerdotes y religiosos más, se alza como una antorcha de esperanza. Sin embargo, esta noticia también debe estar teñida con un profundo sentido de realismo y precaución. 

Los nicaragüenses y todos aquellos que valoran los derechos humanos y la dignidad deberían recibir esta noticia con alegría y alivio. La liberación de estas personas, injustamente encarceladas por sus creencias e ideales, marca un momento significativo no solo para Nicaragua, sino también para la comunidad global que ha observado estos eventos con profunda preocupación.

No obstante, es imperativo reconocer que este acto de liberación por parte de la dictadura sandinista de la familia Ortega-Murillo no es un gesto de benevolencia. Estos sacerdotes y presos políticos, incluyendo la figura prominente del Monseñor Álvarez, no han cometido ningún crimen que justifique su encarcelamiento. Su único "delito" fue ejercer su función pastoral, mantenerse firmes en sus creencias y expresar su oposición a un régimen opresivo. Es un duro recordatorio de que, en muchas partes del mundo, la libertad de expresar las ideas y creencias propias sigue siendo una labor peligrosa.

El término "liberación" no debe confundirse con la auténtica libertad. El exilio, lejos de ser un alivio, es una cadena más sutil de opresión. Es la táctica artera del régimen sandinista para ocultar su mano de hierro y desviar la mirada del mundo de las atrocidades que, a la sombra, siguen perpetrando. El éxodo forzado que han sufrido más del 12% de los nicaragüenses desde 2018 es testimonio de esta cruel estrategia.

La encarcelación injusta de estos hombres de fe es la prueba fehaciente de la tiranía del régimen, y de su disposición a aplastar la voz disidente a cualquier precio. Esta ignominia no debe, no puede ser olvidada o borrada de la extensa lista de agravios que pesan sobre la conciencia de los dictadores.

Mientras nos regocijamos con fervor cristiano y vigor cívico por la liberación de los sacerdotes, no olvidemos a quienes aún sufren entre rejas. La batalla por la libertad está lejos de su fin. Muchos aún languidecen en prisiones, su único "crimen", la valiente oposición a la dictadura. La cruzada por su liberación, por la emancipación de Nicaragua, debe proseguir con un ímpetu y una dedicación inquebrantables. Hoy, Nicaragua se asemeja a un vasto calabozo donde se asfixia la disidencia y se cercenan las libertades fundamentales.

Recordemos, ningún tirano ha liberado jamás a sus cautivos por un capricho de voluntad; lo hace compelido por la presión del clamor interno y la mirada juzgadora del mundo. La puesta en libertad de estos baluartes de la libertad religiosa por parte del régimen sandinista de los Ortega-Murillo no es sino un intento desesperado de purgar su imagen ante la comunidad internacional, un pueril intento de hacer que los ojos del mundo se desvíen de los atropellos cometidos contra su propia gente.

No debemos ser engañados por esta maniobra distractora. La comunidad internacional no debe ser seducida por este acto superficial, sino que debe persistir en su deber de exigir cuentas al régimen por sus actos.

La libertad es indivisible; no puede estar separad de la facultad de toda persona de perseguir sus proyectos de vida o su libertad de conciencia sin la injerencia violenta de un régimen que fabrica cadenas contra las ideas. 

Por ello, la excarcelación de los sacerdotes y religiosos que, al igual que sucedió en febrero del año pasado con 222 presos políticos, no es una liberación completa. Es un toque de campana que nos recuerda que la lucha por la libertad y la democracia es una senda empinada y constante. No podemos permitir que este interludio de alivio nos distraiga de la verdadera contienda que se libra en Nicaragua. 

La libertad no se otorga, se arranca de las garras de la opresión con tenacidad y valor. La comunidad internacional debe mantenerse firme, presionando al régimen de Ortega y brindando su apoyo inquebrantable al pueblo nicaragüense en su búsqueda de justicia y libertad. 

La historia nos ha enseñado que la libertad tiene un precio, pero también nos ha mostrado que, con determinación y unidad, la victoria es posible.

Sobre el autor: Félix Maradiaga es excarcelado político del grupo de los 222 desterrados a EEUU y es Presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua.

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