La actriz Julieta serrano gana el Premio Nacional de Teatro que se lleva a cabo en España

Cuando uno piensa en Julieta Serrano lo más probable es que se le venga a la cabeza su imagen en Mujeres al borde de un ataque de nervios en otro de sus papeles a las órdenes de Pedro Almodóvar, con el que acaba de rodar Dolor y gloria. El manchego hizo de ella un icono mundial y, sin embargo, ha sido sobre las tablas donde esta actriz menuda y risueña ha forjado su leyenda. Su constancia en los escenarios, su talento para la tragedia y su naturalidad con la comedia, le han hecho merecedora del Premio Nacional de Teatro 2018. El jurado, presidido por la nueva directora del INAEM, Amaya de Miguel, ha destacado de ella su "incansable búsqueda artística e intelectual" y su "compromiso y generosidad en el trabajo, cercanía y su incalculable talento interpretativo".

Además, el definido como un "ejemplo de una vocación sostenida" en su carrera de más de 60 años. A sus 85 años, esta veterana sigue imparable. "Muchas veces he dicho lo de 'esto es lo último que hago'. Pero, al final, acaban ofreciéndote otra cosa... y te animas. Llegará un momento que tenga que parar y tampoco pasará nada. Diré 'esto es lo último' y será verdad", confesaba a EL MUNDO el curso pasado. Por entonces, participaba en Dentro de la tierra, una función de Paco Bezerra y Luis Luque, con la que abrió la temporada en el Centro Dramático Nacional. Este año, volverá a las tablas con una versión operística de La casa de Bernarda Alba, dirigida por Bárbara Lluch, la nieta de Núria Espert.

Precisamente, la Espert es una de sus grandes amigas y cómplices. Ambas se concieron siendo unas niñas en el desván del Liceo, donde tomaban clase de teatro. Núria era dos años menor y algo canija, pero como recordaba Serrano, "a la vuelta de cuatro años nos reencontramos en las funciones infantiles del Romea y ya era una mujerona". Ambas se irían a Madrid cada una por su lado y, tiempo después, Espert la llamaría para que protagonizase a su lado Las criadas, a las órdenes del argentino Víctor García, una especie de Andy Warhol del teatro con fama de director maldito.

El montaje, estrenado en 1970, fue todo un escándalo. El mismo día en que debía estrenarse, Fraga decretó la prohibición del espectáculo. Un mes más tarde, la obra censurada en Madrid fue estrenada en el Poliorama de Barcelona y una señora llegó incluso a tirarles un bolso al escenario... sin dinero dentro. Pese a todo, ambas actrices se coronarían en el Festival de Belgrado logrando uno los grandes éxitos del teatro español en el extranjero.

Sobre las tablas, fue también donde encontró a Almodóvar. Serrano participaba en el legendario montaje de La casa de Bernarda Alba, que Ismael Merlo protagonizó en 1976. Otro montaje rompedor, por cierto, porque Julieta siempre ha pertenecido más a la estirpe de las actrices que les ha gustado el riesgo, que a la de las grandes damas. En aquella función, Almodóvar hacía una figuración y empezó a fantasear con dirigirla. El hoy oscarizado cineasta le enseñó sus cortos y ella los encontró "desternillantes" pero aseguraba que no se atrevería a hacer algo así. "Me falta sentido del humor". Ahora sabemos que estaba equivocada.

A lo largo de su carrera escénica, Serrano ha participado en más de 120 títulos. Ha interpretado por igual a Shakespeare, Anouilh, Mishima y Brecht que a Segarra, Sinisterra Gala o Casona porque ella es una todoterreno. Además de Víctor García ha trabajado con otros directores históricos como Miguel Narros, José Carlos Plaza, Gerardo Vera, Calixto Bieito,y todavía apuesta por las jóvenes generaciones como Luis Luque o Bárbara Lluch. Siendo joven, se quejaba de que nadie le llamaba para interpretar a Eugene O'Neill, un autor que la apasionaba. Por ello decidió montar su propia compañía para hincarle el diente. Se arruinó y, aun así, aseguraba hace tiempo que seguía siendo uno de sus favoritos. Sí, el jurado tiene razón, la vocación y el coraje en el teatro eran esto.

Creditos, El Mundo.