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Vendedores de plazas, el drama de ir de fiesta en fiesta para ganar el sustento

Familias enteras viajan de fiesta patronal en fiesta patronal para poder ganarse la vida. Duermen a la intemperie y se exponen en cada pueblo al que llegan
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Los vendedores en las fiestas patronales duermen a la intemperie.
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No tienen horario de trabajo. Van de fiesta patronal en fiesta patronal ganándose la vida. La gente los conoce como los placeros y en la mayoría de casos viajan las familias enteras para ir a vender.

Después del 15 de enero, se asentaron en Diriamba. La plaza de esa ciudad, que apenas está en construcción, se convirtió en el hogar de varios vendedores de elotes locos, hot dog, palomitas de maíz y los apetitosos pollos fritos con papas o tajadas.

El día a día en cada plaza no es fácil. Duermen prácticamente a la intemperie, en improvisados nichos forrados con sábanas, cargan pequeñas estufas y ahí cocinan. La mayoría viaja con niños e incluso hasta con mascotas.

“Dejamos cerradas nuestras casas y nos venimos a Diriamba, aquí las ventas no han estado muy buenas que digamos, pero al menos nos da para el día a día. Vine con mi familia completa y hemos aguantado frío, porque aquí es helado”, compartió una de las “placeras”.

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Ellos aseguran que tienen años de ganarse la vida de esta forma y que es un oficio que heredaron de sus padres y ellos han enseñado a sus hijos.

“Mi mamá vendía así en las fiestas, antes vendíamos manzanas en miel. Desde pequeña me acostumbré a esta vida y cuando terminé la primaria, en Managua, me casé y mi marido y su familia también se dedicaban a este trabajo. Ahora nuestras hijas tienen sus propios tramitos y pagamos un camión para venirnos a instalar”, señala una vendedora que prefiere el anonimato.

Todo está más difícil

Desde hace más de 40 años, don Fidel viaja de fiesta en fiesta, pero solo asiste a las de Carazo, sin embargo, asegura que la situación es difícil, porque hay menos compradores porque la gente se ha ido al exilio.

“Uno sale a desvelarse, propenso a que le den una puñalada, porque en las fiestas andan ladrones. Tengo 40 años de andar aquí, aunque en otros tiempos nos iba mejor. Todo ese montón de gente que se ha ido, que ha emigrado, si se fueron 5 mil aquí en Diriamba son 5 mil clientes menos, eso nos ha bajado el negocio”, comparte este señor que estaba preparándose para ir a las fiestas de Santa Teresa.

Él comparte que ellos trabajan conforme el bolsillo de las personas, “yo pago hasta mil pesos de transporte, el aceite caro, el pollo caro, y la papa ya no digamos, a 4 mil pesos el quintal, pero vendemos servicios de hasta 30 pesos, porque la gente no tiene para pagar más.

“El negocio ha bajado, desde el primer día he visto poca actividad, los juegos mecánicos con pocos niños montados y ellos pagan un montón para instalarse, en el caso de nosotros, apenas venimos nos cae la alcaldía en cualquier ciudad. Aquí en Diriamba nos cobró poco, solo 300 pesos, pero si no pagás te sacan”, señaló.

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