Monseñor Silvio Báez: los líderes auténticos no se consideran indispensables

Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua reflexionó este domingo sobre el Mesías, Jesús, quien era esperado en ese tiempo, previamente anunciado por Juan el Bautista, enviado por Dios a dar testimonio de luz en una sociedad que estaba "agobiada" y "sometida al poder imperial".

"Quienes gobernaban dominaban despóticamente y se imponían con violencia sobre los pobres. Los movimientos mesiánicos surgían por todas partes y confundían a la gente, que ya no sabía a quién creer. Se pensaba que el Mesías podía llegar de un momento a otro. Todos esperaban algo, aunque sin comprender del todo qué esperaban. Sin embargo, algunos se desilusionaban, otros se iban al desierto como protesta, la mayoría dejaba de esperar. Juan Bautista aparece como un puñado de luz lanzado sobre el rostro de esa sociedad, no para cegarla, sino para ayudarle a ver mejor" mencionó Báez.

Monseñor Báez aterrizó la misión de Juan al tiempo que vivimos hoy en el mundo y particularmente a Nicaragua, donde la desesperanza, desilusiones invaden a la población. 

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"En medio de la pandemia urgen testigos de la luz que ayuden a confiar en las pequeñas luces que ya se perfilan al final del túnel. El testigo de la luz va por la vida contagiando de la rebeldía evangélica que nos infunde Jesús delante de todo lo que atenta contra la dignidad del ser humano" instó Báez.

El obispo alertó que quienes son testigos de luz como Juan son investigados para "eventualmente poder desautorizar su misión".

"En torno a Juan comenzaba a surgir un movimiento que preocupaba a quienes tenían el poder religioso. Las iniciativas de las periferias siempre resultan sospechosas para quienes están en el centro dominando todo. A una religión que somete a las personas y coquetea con los poderosos, los hombres venidos de parte de Dios les resultan sospechosos. Por eso no dudan en enviar emisarios para investigarlo" dijo.

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Indicó que "los líderes auténticos no lo saben todo, ni lo pueden todo: son humildes, no viven para sí mismos, no se tienen en más de lo que son, no se consideran indispensables, ni se creen mejor que los demás”

“Así es la misión de los profetas y los testigos de Dios: disminuir, diluirse, abajarse, hasta desaparecer. Así debe ser la Iglesia: olvidada de sí misma, humilde, sin respuestas prefabricadas para todo, pero apasionada por Jesús, como el Bautista” expresó Báez sobre la humildad de Juan el Bautista.
 

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