Monseñor Silvio Báez: "despojarnos de las mentiras que empañan nuestra vida"

Confidencial

Monseñor Silvio Báez manifestó que el “desierto” es una etapa para superar dificultades, temores y tentaciones como una experiencia necesaria para crecer y acoger la voluntad de Dios, esto en referencia al pasaje bíblico en el que Jesús fue “empujado” por el Espíritu al desierto (Mc 1,12).

“Jesús no solo experimentó el desierto al inicio de su ministerio. Toda la vida de Jesús, guiada por el Espíritu, fue un desierto en el cual él tuvo que superar dificultades, temores y tentaciones. El desierto entra en los planes de Dios y se vuelve una experiencia necesaria para crecer humanamente, fortalecer la propia libertad y acoger a Dios precisamente allí donde parece ausente”, expresó Báez.

El religioso recordó a los creyentes que en el “desierto” algunos fieles pueden ser tentados por “satanás”, pero tienen que aprender a reconocer la voz de Dios. “El desierto es el lugar de la tentación. La tentación es una experiencia humana inevitable que nos coloca cara a cara con nuestra libertad y que todos hemos vivido alguna vez. La tentación es ese momento en que misteriosamente nos sentimos solos, atraídos por el mal que nos amenaza siempre y que puede arruinar nuestra vida y alejarnos de Dios. La tentación es ese dramático momento en que escuchamos una voz distinta a la de Dios, que nos seduce y nos arrastra al mal alejándonos de Dios”, expresó.

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En la homilía, Báez también señaló que algún momento de su vida todos los creyentes atraviesan un “desierto” para crecer en la fe “despojarnos de las mentiras que empañan nuestra vida y revelarnos su fuerza y su amor. En el desierto Dios se hace presente con signos modestos pero eficaces: como maná que cae del cielo para alimentarnos o agua que brota de la roca para apagar la sed.  El desierto es un lugar de muerte en el que Dios hace posible la vida. No tengamos miedo al desierto. Dios no nos deja nunca solos”.

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Monseñor Báez expresó que en el desierto se caen todas las seguridades humanas, se sufre la soledad, surgen las dudas y los miedos y se experimenta intensamente la propia debilidad “Busquemos momentos de silencio para vernos por dentro, para rezar y para escuchar la palabra de Dios. Detengámonos y preguntémonos hacia dónde estamos yendo, si estamos viviendo como deberíamos y si estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos. No temamos descubrir los puntos débiles de nuestra vida, por donde podemos ser tentados y llegar a caer. Despojémonos de tantas cosas, deseos y relaciones, que no solo son dañinas sino inútiles”.

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