Expresidente Solís: régimen en Nicaragua es "una dictadura atroz y criminal que se ha entronizado"

El expresidente de Costa Rica Luis Guillermo Solís cuestionó el desempeño del presidente Daniel Ortega en una entrevista reciente con la Voz de América. Lo describe como un “dictador y tirano”.

El expresidente de Costa Rica Luis Guillermo Solís no escatima para catalogar al gobierno de Daniel Ortega como “una dictadura atroz y criminal que se ha entronizado” en Nicaragua.

Unas semanas antes de terminar su mandato en 2018 en unos de los países más democráticos de la región, se desató la peor crisis sociopolítica que ha vivido Nicaragua en los últimos 20 años, que dejó más de 300 muertos y miles de exiliados. La mayoría de ellos se refugiaron en Costa Rica.

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En entrevista con la Voz de América, el exmandatario evoca un recuerdo, que a su juicio con el tiempo llevó la razón. Fue en la época en que se iniciaban las conversaciones para el llamado Acuerdo de Paz de Esquipulas, a mediados de la década de 1980, cuyo fin era resolver los conflictos militares que impactaron a América Central por muchos años.

                                                              

El entonces presidente de Costa Rica, Óscar Arias, dijo a Daniel Ortega que la gran diferencia que existía entre él y los demás presidentes que estaban en esa cita era precisamente que todos ellos estarían dispuestos a salir de su cargo al finalizar el período establecido en la constitución de cada país, mientras que él no. "[Ortega] era un dictador esencial”, dijo Arias entonces al hasta ahora mandatario de Nicaragua.

“Aquello sonó muy duro en aquel momento, especialmente porque el presidente de Guatemala, Vinicio Cerezo, estaba tratando de armonizar a los presidentes en búsqueda de un acuerdo regional que al final se logró el 7 de agosto de 1987”, dijo Solís a la VOA.

Pero a esta altura Solís tiene una conclusión: “Ortega demostró ser un tirano. Estuvo dispuesto por las circunstancias en las que se encontraba Nicaragua a irse del poder en el año 1990, pero aprendió mal la lección” tras retornar en 2007.

“Debió haber aprendido, de que en democracia eso es lo que conviene, que haya un intercambio de mandatos presidenciales tutelados por la Constitución y ahí donde exista una reelección razonable, pues esta se produzca si el pueblo así lo desea”, añadió Solís.

Para el exmandatario costarricense, el panorama en Nicaragua, lejos de mejorar 30 años después se ha agudizado, y menciona que Ortega se ha burlado de la comunidad internacional al punto de “lograr una nueva reelección por medio de un fraude evidente, terrible” en donde la mayor parte de la oposición se encuentra en la cárcel, incluido siete precandidatos presidenciales.

“Ortega se ha burlado de la comunidad internacional desde hace muchos años y lo sigue haciendo. Creo que la farsa mayor y la burla que la acompañó fueron las últimas elecciones de este año, a principios del mes de noviembre. En eso, yo, no puedo sino continuar sorprendido por el cinismo de un régimen que no tiene poder alguno frente a la comunidad internacional”, valora Solís.

Por esa razón considera que la OEA ha actuado bien en el sentido de promover el aislamiento internacional de Nicaragua y recalca que aunque la administración sandinista de Ortega tomó la decisión de anunciar un retiro de dicho organismo “no la exime de las responsabilidades, pues tomará dos años antes de que su retiro se concrete”.

De igual forma señala que debido al consenso creciente en el hemisferio “sobre las atrocidades que ha cometido ese régimen que continúa desafiando al mundo” la diplomacia debe plantear un proceso de aislamiento creciente.

Dijo que “eventualmente, la aplicación de la Carta democrática a Nicaragua, que la convertirá en un país paria desde el punto de vista de los derechos humanos y del respeto que estos países requieren para funcionar.

                                                            

“Y yo lo lamento mucho porque, en última instancia, esas medidas de aislamiento terminan afectando más a la gente que al régimen pero, me parece, es lo que procede porque, a lo largo de todo esto y hay que decirlo con firmeza, todos los grupos opositores han estado insistiendo que la solución para Nicaragua debe ser una solución política y diplomática, y no una solución de fuerza”.

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Solís mencionó que desde 2018 la administración de Ortega-Murillo se ha caracterizado por una violencia contra la población civil “en una situación de clarísima violación a todos los derechos humanos”, y esto ha tenido implicaciones regionales y particularmente para Costa Rica.

Sin embargo, considera que la presencia de nicaragüenses tendrá un valor positivo tanto en la economía y sociedad costarricense tarde o temprano, “como lo ha hecho hasta ahora y nosotros nos beneficiamos con esa presencia”.

“Pero es una muy mala noticia para Nicaragua, cuya mano de obra más entusiasta, tiene que irse, no sólo por la persecución política, que, digamos, es algo que históricamente ha sido así, sino también por el terrible desempeño de la economía nicaragüense, que ha entrado en una espiral descendente de la cual no pareciera que va a salir en poco tiempo”, concluyó.

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