Relato del secuestro de los músicos Salvador Espinoza y Xóchitl Tapia

El siguiente escrito es el relato de la detención de Salvador Espinoza y su esposa Xóchitl Tapia, compartido en redes sociales.
Cortesía

Este martes santo fueron detenidos cuatro músicos, dos de ellos son Salvador Espinoza Jr. hijo del subdirector del Teatro Nacional Rubén Darío en Nicaragua y su esposa Xóchitl Tapia, ambos de Saxo Producciones. En la misma redada y en otros puntos de Managua, la policía al servicio de Daniel Ortega y Rosario Murillo, detuvieron a Josué Monroy, músico de Monroy & Surmenage y Leonardo Canales.

El siguiente escrito es el relato de la detención de Salvador Espinoza y su esposa Xóchitl Tapia, compartido en redes sociales.

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Es martes santo en la ciudad. Frente a la casa de mi amigo ha llegado un grupo de hombres armados. Adentro estaba él, su amor, y su nene que se desacaloraba en una pequeña piscina inflable cerca de su perro. ¡El niño! Su amor ha logrado convencer a los guardias de llevar de inmediato al niño de cinco años, en short de baño y mojado, donde una vecina. 

Y se regresa escoltada a la casa, donde esos hombres ya golpeaban a mi amigo y destrozaban todo adentro. Alguna gente ha salido de sus casas alrededor, una señora hermosa le gritaba en la calle a los armados, y estos se multiplicaron con los que vinieron de a dos en moto, con escopeta en mano. ¡Váyanse a sus casas!

De la casa de mi amigo se los llevaron, a él y a su amor, y a los dispositivos que encontraron. En una camioneta oficial los montaron a la mitad de la tarde. Y la casa destrozada quedó invadida un tiempo más. ¿Y el perro? Un vecino pregunta a un guardia frente a la casa, pues antes había visto deambular, al viejito y flaquito perro de la casa invadida, en las calles del barrio. ¡Ya entró, andate! Le ladra al vecino el guardia.

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La casa de mi amigo ha quedado ya sola y en las penumbras de la noche. El perro viejito ha quedado adentro, y al niño se lo han llegado a llevar de donde la vecina sus familiares.

La de mi amigo era una casa humilde y confortable antes de ser destrozada. Era de esas casas de puertas abiertas, desde las que salen los saludos cariñosos a los vecinos y las vecinas que afuera pasan. Ahora es una casa cerrada y callada. Mi amigo no es violento pero sí es malcriado, detesta la injusticia y, con su amor, son ejemplo de dignidad. A los guardias no les gustan los malcriados, y sus jefes toman por rebeldes de peligro a los dignos.

En varias casas alrededor hay gente que llora y está llena de esa rabia de impotencia que desgarra el alma. ¡Se los llevaron como delincuentes! Solloza la vecina que cuidó al niño mientras la casa era atacada ¡Sí es verdad que se llevan a la gente de sus casas, no lo quería creer, pero ya veo que es verdad; ellos dos no hacen nada malo a nadie! Grita desde el llanto la señora robusta que a los guardias, antes, gritaba. 

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En la cuadra de la casa de mi amigo hay gente que mal durmió esa noche; hay gente que lloró esa noche, y hay gente que llora esta mañana. Al perro viejito, una vecina joven llega a dejarle por entre las verjas un poco de comida y agua.

Y de mi amigo y su amor, todavía nadie ha sabido nada.

Es miércoles santo en la ciudad… Ya es abril en Nicaragua.

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