Crónica de mi vacunación anticovid en Honduras, viajé de Managua a la frontera

El 25 de octubre también dio inicio la jornada de vacunación contra el Covid-19 en Nicaragua para niños, y jóvenes con las vacunas Sputnik light y Soberana, ninguna aprobada por la OMS.

La irresponsabilidad de régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo con el mal manejo de la pandemia del Covid-19 en Nicaragua, y la falta de vacunas creíbles para la inmunización de los nicaragüenses, pese a los desembolsos millonarios otorgados por entidades internacionales con el fin de apoyar ante la crisis sanitaria que se vive en el país, ha provocado que miles de ciudadanos nicaragüenses tengan que salir del país en busca de una vacuna que haya sido  aprobada por la Organización Mundial de la Salud.

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El gobierno de la vecina república de Honduras, dispuso de sus vacunas para aplicarla a los nicaragüenses en los diferentes puntos fronterizos. El lunes 25 de octubre miles de ciudadanos de Nicaragua continuaron con la romería rumbo a Honduras en busca de la vacuna Moderna para mayores de 18 años y Pfizer para los niños y adolescentes de 12 a 17 años de edad. Esta vacunación masiva de nicaragüenses en Honduras ha servido de termómetro para medir la desconfianza en las vacunas cubanas y rusas que no cuentan con la aprobación de la OMS.

¿Cómo es salir en busca de la vacuna en Honduras?

 Eran las 7 de la noche del día domingo 24 de octubre, dos amigas y yo decidimos ir en busca de la vacuna en la que confiamos y que nos ayudaría incluso poder visitar otros países debido a su reconocimiento. Salimos de Managua con rumbo a Somoto en el norte de Nicaragua, para llegar a la frontera del Espino. El viaje duró aproximadamente 4 horas en vehículo particular lo que en transporte público se lleva alrededor de 8 horas o más.

                                                             

Al llegar a la zona fronteriza tuvimos que dejar el vehículo estacionado en la parte nicaragüenses a escaso 1 km de la frontera, al bajarnos nos encontramos con un grupo de personas que tenían el mismo objetivo que nosotros. Nos preguntaron si íbamos a vacunarnos, le respondimos que sí, estas personas manifestaron ser del departamento de Estelí, y una de ellas conocía el camino para pasar por un punto ciego e ingresar a Honduras, debido a que días antes había logrado llegar con sus compañeras de trabajo a vacunarse.

Emprendimos el camino lleno de piedras, oscuro, perros ladrando. Éramos nueve caminando a la media noche, en medio del lodo, árboles e incluso los insectos no faltaron. Mientras caminábamos en medio de la oscuridad, alumbramos el camino con las lámparas de nuestros celulares móviles.

Este trayecto duró alrededor de 30 minutos hasta lograr cruzar la frontera. En ese camino accidentado viajaba con nosotros una persona mayor de 60 años con problemas en sus rodillas, con algo de sobrepeso que le dificultaba caminar rápido, así mismo usaba un bastón.

Nos detuvimos por un momento, cuando un grupo de 15 personas nos aventajó. La joven que se ofreció a cruzarnos expresó, “sepárense de ellos, déjenlos que pasen, el que va delante de camisa roja cobra 20 dólares por persona para cruzarlos, ese mismo me cobró a mi cuando vine hace tres días”.

A las 12:30 am del día lunes 25 llegamos al puesto de salud que está ubicado a menos de 500 metros de la frontera. Las autoridades hondureñas habilitaron un centro escolar como puesto de vacunación. Al llegar ya se encontraban más de 20 personas sentadas en sillas, bancos  e incluso en el suelo. Conforme pasaban las horas, llegaban más personas y a las 2 de la madrugada en la fila habían mil personas. 

Entre las conversaciones se lograba escuchar a muchas personas decir que esta era la primera vez que visitaban el vecino país, y que venían de los diferentes departamentos, como Granada, Masaya, Managua, Estelí, Somoto. 

Otros se observaban emocionados por estar a punto de recibir una vacuna en la que confiaban, una de las personas madre de 3 hijos, dos de ellos menores de 18 y uno mayor de los 20 expresó que “no confío en esas vacunas que están poniendo en Nicaragua, nosotros no íbamos a vacunarnos porque ninguna de las que están poniendo está aprobadas, pero mi hija se dio cuenta de estas vacunas a través de la redes sociales y decidimos gastar en movernos hasta aquí y no que experimenten con nosotros con esas vacunas” manifestó la ciudadana al referirse sobre todo a los inoculantes de Cuba. 

El centro de vacunación empezó a atender a eso de las 10:30 de la mañana debido a que las dosis de las vacunas son trasladadas del centro de salud del departamento de San Marcos, Colón en Honduras. Se nos pidió que hiciéramos 3 filas. En una agruparon a menores de 12 a 17 años, otra de jóvenes de 18 a 49 años y la tercera de adultos mayores de 50 años a más. No faltaron las discusiones porque algunos que llegaron a las 8 de la mañana pretendían meterse en los primeros lugares. 

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Al medio día, luego de 12 horas de fila y de pie, logramos logramos entrar al puesto de vacunación, dimos nuestros datos, nos hicieron una tarjeta de control de vacuna donde plasman la fecha de la segunda dosis en el mismo puesto de vacunación y muy amablemente los trabajadores de la salud nos explicaron los efectos adversos que podrían tener después de aplicada la vacuna.

Logramos salir del puesto de salud a las 12:45 del mediodía y procedimos a cruzar la frontera para regresar a Nicaragua.

Mi agradecimiento a los trabajadores de la salud de Honduras por su solidaridad, realizan una extensa jornada de vacunación con sus vecinos, dejando pendiente otras tareas propias de sus labores para con los hondureños. 

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