Nicaragua: El poder o la muerte

Esperar que el malo no haga mal, es una locura.

El régimen Ortega-Murillo abandonó los principios éticos-legales e implementó la represión sin límite constituyendo sus instrumentos de acción política. Los principios éticos-legales han sido borrados de la ecuación, ha perdido todo elemento de civilidad política.

Los miembros de la cúpula de poder no están sometidos a los valores éticos, están instalados en un clima de corrupción e impunidad. No importa el tamaño de los delitos, las incongruencias o la falta de ética. No se piden solvencias. Ante la represión, prefieren callar, guardar silencio. Guardar silencio, encubrir o justificar al régimen corrupto y autócrata es la lógica de la nomenclatura.

El régimen ha eliminado los valores de la lucha contra el nepotismo, la corrupción, el enriquecimiento ilícito, la discriminación racial, y las formas autocráticas de ejercer el poder. Todo lo cual ha terminado desacreditándolo, generando sinsabores y fisuras al interior de su base social y en la nomenclatura en el poder. Los adjetivos de asesinos, criminales, ladrones, se homologan a todos los miembros del orteguismo, como consecuencia de haber abandonado los valores éticos-legales. Cuando se abandonan los principios éticos-legales se desarma su legitimidad.

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Los principios éticos-legales han sido borrados de la ecuación. La defensa de los derechos humanos, la lucha por la dignidad, la justicia redistributiva y reparadora, la democracia, la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, la igualdad de género o el derecho a una jubilación digna exigen integridad moral y valores éticos-legales. Mandar obedeciendo es incompatible con la mentira, el abuso, la persecución y el dogmatismo.

Aunque las protestas sociales han sido inmovilizadas, el éxito global de las campañas en las redes sociales es el indicador que la efervescencia persiste y demuestra que la juventud y los ciudadanos autoconvocados no se ven derrotados por la represión y el terror. También demuestra que existe una unidad al demandar libertad de expresión, derechos humanos y la salida de la dictadura. La represión desde mayo de 2021 se inscribe en el intento de Ortega de recuperar su primacía política, su permanencia en el poder nos conduce al caos.

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Como consecuencia del incremento de la represión, el aislamiento internacional no ha dejado de incrementarse desde mayo pasado, marcando el declive del régimen. No se espera ningún cambio radical, ya que sigue gozando del apoyo de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia están a su lado.

Los miembros del círculo de poder constituyen un clan mafioso. Tienen sus hábitos, creencias y lealtades muy diferentes al promedio de la población, pero usan el miedo, el clientelismo y la transacción para mantener un vínculo con su disminuida base social. Como minoría, miran todo el escenario político nacional desde el lente del peligro de un nuevo tsunami social y su posible caída del poder.

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Ellos están dispuestos a matar y morir con tal de mantenerse en el poder. Ortega-Murillo no tienen escrúpulos, están dispuestos a incendiar primero el país, antes que dejar el poder. Es la lógica implementada desde el 2018: “el poder o la muerte”.

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