Nicaragua 2020: coronavirus y economía

LA PRENSA

La economía nicaragüense comenzó una tendencia negativa a partir del segundo trimestre del año 2018. Donde no hay crecimiento no hay empleo, y donde no hay empleo pues evidentemente las personas empiezan a sufrir condiciones cada vez más desfavorables. Al mismo tiempo, el país está siendo afectado por el coronavirus, la pobreza, con un gobierno gangrenado por la corrupción y totalmente desacreditado.

Hoy estamos viviendo una recesión económica que no habíamos visto en muchos años y que no desaparecerá fácilmente ni en algunos meses ni quizá el próximo año. Además, las importaciones y exportaciones se contrajeron. La recesión actual es parecida a la conocida en los años treinta del siglo XX.

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La crisis sanitaria del coronavirus está profundizando la recesión y ampliando el abismo de la desigualdad que ya existía. La dificultad de contener la pandemia desvanece las expectativas de una recuperación de la actividad económica y acentúa la profundidad del choque social.

Nicaragua arrastra un alto desempleo, la informalidad laboral y niveles de pobreza que este año podría alcanzar a 4 millones de personas. Es decir, la pandemia no trajo nuevos problemas, sólo se volvieron más obvios, mucho más evidentes y más acentuados.

Desde enero 2020, antes de la pandemia muchas personas ya estaban padeciendo los efectos negativos de la recesión, la marginación y la pobreza, e incluso no tenían lo suficiente para comer bien, tener un techo seguro, acceso a escuelas, hospitales o transporte porque los escasos recursos no les alcanzaban.

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El mal manejo de la crisis sanitaria y el cierre de los negocios, las empresas y las actividades, muchos empleos, así sean de sobrevivencia, se han perdido y las oportunidades de recuperarlos se han vuelto sumamente complicadas. En pocas palabras, el hambre, la pobreza se han agudizado y muy pronto la gente no tendrá para pagar la renta, la luz y el agua.

Entre finales de mayo y principios de junio de 2020 el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) apoyada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) realizó una encuesta empresarial cuyos resultados muestran que el 54 por ciento de las empresas suspendieron labores por falta de demanda del mercado y de clientes; el 33 por ciento tuvieron que despedir trabajadores y hay un 40 por ciento que está pensando también en despedir trabajadores por la caída de la demanda (69 por ciento) y por problemas de flujo (64 por ciento).

El impacto negativo de la profundización de la recesión económica en los hogares de bajos ingresos es particularmente agudo. Una de las principales causas es la velocidad a la que se deterioró el mercado laboral. El 80 por ciento de las personas con empleo informal se han visto significativamente afectados en esta coyuntura. La crisis sanitaria y económica han provocado desocupación y bruscas pérdidas de ingreso para muchos de esos trabajadores.

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Esta realidad implica un impacto negativo en los hogares de bajo ingreso, que se traduce en un sustancial aumento de la desigualdad. La proporción de la población que vive en condiciones de pobreza o pobreza extrema se incrementará a lo largo del 2020. Los indicadores apuntan a una contracción de la economía más grave en el segundo semestre del 2020.

El consumo y la producción de servicios han disminuido de manera pronunciada. Ese patrón refleja una combinación de factores: distanciamiento social voluntario para evitar los contagios, pérdidas de ingresos, desempleo y debilitamiento de la confianza de los consumidores.

La línea de separación entre la clase media y la clase popular se ha diluido y con ello la movilidad social. Todos los desempleados, los que no reciben ninguna remuneración y los inactivos disponibles, cuyos ingresos laborales son iguales a cero y los dueños de empresas cerradas y/o quebradas, se van transformando, en el corto y mediano plazo, en pobres potenciales. Muchos nicaragüenses vivían cercanos a la línea de pobreza, pero nunca habían tenido que elegir entre el virus y el hambre.

El hecho de que la desaceleración sea sincronizada a nivel mundial y regional ha amplificado los trastornos sufridos internamente. El comercio internacional e interregional se contrajo durante el primer semestre, como consecuencia de la debilidad de la demanda, del colapso del turismo transfronterizo y de la dislocación del suministro relacionada con los confinamientos.

Las empresas también han recortado la inversión frente a una caída de la demanda, por las interrupciones del suministro e incertidumbre en torno a las perspectivas de rentabilidad en el corto y mediano plazo. La actividad en el ámbito del comercio minorista, el esparcimiento, los hoteles y otros lugares de trabajo sigue estando deprimida.

El debilitamiento del consumo privado refleja la combinación de un shock adverso en la demanda agregada atribuible al distanciamiento social, a la falta de recursos por el desempleo, al aumento del ahorro precautorio y a la caída de las remesas. Además, se prevé que la inversión privada se vea atenuada a medida que las empresas posterguen gastos de capital en medio de la aguda incertidumbre.

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Existe un alto nivel de desconfianza en el régimen, de acuerdo a la encuesta de Cid-Gallup el 70 por ciento de la población desconfía de su gestión. Dado ese nivel de desconfianza, la ciudadanía es favorable al cambio. Es decir, la tendencia es que la incapacidad de Ortega-Murillo de mantener la cohesión social se va rompiendo y se va desarrollando un proceso de implosión del régimen.

Se han conocido los casos de los trabajadores de la salud y de la educación a los que el régimen los ha obligado a asistir a laborar aun estando enfermos o no proporcionando los instrumentos de protección personal adecuado. La dictadura ha tomado ventaja de los trabajadores que, por su necesidad económica de sobrevivencia para ellos y sus familias, aceptan esas condiciones de abuso inhumano.

La política laboral del régimen se ha convertido en un verdadero caso de explotación y delincuencia cínica y descarnada. Por ello, podemos afirmar que el régimen está utilizando la crisis para disminuir los derechos laborales y mantener un mayor control sobre los maestros y trabajadores de la salud.

Las proyecciones son una mayor caída negativa de la economía para el segundo semestre 2020 que va a depender por los siguientes factores:
•    La duración de la pandemia y el confinamiento voluntario necesario que afectará al gasto.
•    El incremento de cierres de empresas y la salida de trabajadores de la fuerza laboral.
•    Reconfiguraciones de las cadenas internacionales e interregionales de suministro que afectaran a la productividad y al comercio.
•    Las repercusiones provocadas por el debilitamiento de la demanda externa y los déficits de financiamiento.
•    El impacto que la crisis política interna pueda atizar la tendencia al retraimiento de la inversión privada nacional y extranjera.
•    La agudización de los efectos negativos de la contracción del comercio mundial que alcanzará alrededor de menos 11.9 por ciento, lo cual afectará de una manera o de otra a la economía nicaragüense.
•    La revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento de la economía mundial (-4.9 por ciento), norteamericana (-8.0 por ciento) y centroamericana (-4.3 por ciento) en 2020.

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